¡Esa lengua juguetona! ¿Cómo domarla?

¿Te has parado a observar tu lengua en algún momento, detenidamente? Te has fijado bien, qué forma tiene, qué color… qué paisaje describe. ¿Tienes grietas? ¿puntos rojos? ¿granitos?

 

La lengua, según la medicina china, es un indicador sintomático de nuestra salud. Se estudia, desde la forma, el color, el paisaje que describe, la capa de saliva que la cubre y su color. Incluso su olor.

 

Me resultan curiosos todos estos datos, me llama muchísimo la atención, porque incluso desde bien pequeños, el recuerdo del médico-pediatra que tenemos algunos es aquel que nos hacía sacar la lengua, decir «ahhhhh» hasta casi la arcada mientras introducía un depresor lingual con más o menos acierto.

 

Hoy soy yo quien manejo los depresores, pero en mi defensa diré que no lo hago para inmovilizar la lengua generalmente, sino para animarla, ayudarla y acompañarla justo allí donde su propietario debería llevarla. Y el depresor no es ni el mejor ni el único instrumento que utilizo. Seguro que si mis compañeras leen este artículo, se estarán preguntando incluso si tengo de eso, pues sí, y además bien bonitos de diferentes colores y no sólo de madera, que los de plástico producen menos arcadas y menos rechazo, pero lo cierto es que los utilizo bien poco, trato de recurrir a mil y una actividades antes de emplearlos, quizá por el recuerdo áspero que dejaron en mi niñez.

 

Esta es la imagen que les viene a la cabeza a muchos de los conocidos, cuando escuchan que me dedico a la logopedia, y algunos se sorprenden de la diversidad de juegos que creamos e inventamos en la consulta para atender las necesidades de cada uno. Ésta es sólo una parte, muy pequeña, pero no poco importante de lo que un logopeda puede hacer por ti; y de ahí, muchas veces la necesidad de este blog.

 

A lo largo de los años, me he ido dando cuenta, que cuando una lengua cobra vida propia, va por libre, muy pocos la atendemos. Cuando un ojo se mueve sin control, enseguida se busca la forma de redirigirlo y controlarlo. Cuando hablamos de extremidades, superiores o inferiores, incluso nos asustamos; cuando aquel que no nos hace caso es más pequeñito, como un dedo del pie o de la mano al resto de personas les puede resultar gracioso, a quien lo padece le puede resultar molesto pero pocas veces invalidante. Pero en lo que se refiere a la lengua… la dificultad deja de ser graciosa cuando la comprensión resulta difícil para el resto, cuando la deglución resulta peligrosa, o bien cuando aparece la temida ortodoncia.

 

Me diréis, es que una cosa es el control de los impulsos; y la otra bien diferente es saber “conducirla” bien. Y estáis en lo cierto. Pero no deja de resultarme curiosa, la poca atención que dedicamos a nuestra lengua. Aprendemos a moverla casi sin darnos cuenta, a pronunciar palabras, incluso en otros idiomas sin apenas ser conscientes de cómo la colocamos. Y he de decir que somos unos privilegiados quienes logramos algo así.

 

Muchas personas, más de las que imagináis carecen de un verdadero sentido propioceptivo de algo que ni tan siquiera ven a diario como es su lengua, y… les va por libre y rebelde en sus producciones verbales, en su deglución, incluso en su momento de reposo, aunque no siempre llama la atención. Y cuán difícil es para ellos, entrenarla, casi como quien entrena con su mano a elevar una pelota por encima de la cabeza de forma perpendicular al suelo, antes de realizar un saque en el tenis.

 

Del sentido propioceptivo os hable en “El arte de apreciar las pequeñas cosas”, cuando os comentaba el importante trabajo de consciencia que se ha de realizar en voz. Pero cuando la que hay que hacer consciente y presente es la lengua… hay muchos instrumentos: el famoso depresor lingual, apoyarse en el sentido curioso de la lengua con objetos o alimentos que despierten su movilidad a la zona que deseamos que descubra y se reoriente, hasta la autobservación. A mí este último me encanta, cuando quien tienes delante eres tu mismo, tu boca y un sinfín de retos/movimientos que conseguir. Los recursos que ponemos en marcha son maravillosos, y aprendo un montón de la creatividad de cada una de las personas con las que trabajo. Está claro que cuando un recurso no despierta, la propiocepción se orienta a través del profesional, pero siempre atiendo y trato de ser atenta observadora de por qué no surgen esas creaciones.

 

No todo el mundo necesita una propiocepción excelente para una buena pronunciación, de hecho a muchos nos es difícil realizar según qué movimientos con la lengua, y sólo unos pocos saben que con entrenamiento puedes lograr lo que desees, porque la lengua no deja de tener un sistema muscular muy preciso, es hábil, aunque juguetona porque no es fácil de domar. Pero el sentido propioceptivo nos da conciencia, autoconocimiento, y por tanto control sobre nuestra persona y nuestro ser.

 

Te planteo unas preguntas, cuando no consigues enhebrar el hilo en la aguja; o bien darle la vuelta a la tortilla en la sartén… ¿creas y buscas recursos para lograrlo antes de pedir ayuda? Cuando eras niño, y veías a los demás saltar en la cuerda, en las gomas o correr tras un balón, te explicaron cómo hacerlo paso a paso… O bien observaste y… practicaste sin fin hasta lograrlo. Aunque tuvieses que preguntar en alguna ocasión. Pues por qué a los niños o nuestros mayores enseguida les solucionamos la papeleta, cuando quizá es mejor estar presentes y atentos a ver qué pueden llegar a crear o inventar, o bien mostrarles cómo lo pueden realizar poniéndonos como ejemplo en otra actividad, sin interponernos entre su reto y nuestros conocimientos. La motivación, es el mayor motor del ser humano.

 

Te comentaba aquí, una serie de actividades que benefician el lenguaje, cuando los niños son muy pequeños, para saber cómo acompañarlos a una mejor producción del lenguaje.

 

Pero hoy estoy hablando de algo mucho más concreto, cómo acompañar las malas producciones de un niño o un adulto, cuando el lenguaje es correcto pero su habla resulta complicada de entender por algunos sonidos mal pronunciados (dislalia) o bien porque su articulación resulta difícil de realizar (disartria).

 

Qué hacer si conoces a alguien con estas particularidades, además de las indicaciones que el logopeda que lleve en tratamiento les haya realizado a la familia; el entorno de familiares, amigos y conocidos también puede ayudar.

 

Así que comparto, una serie de acciones que tener muy presentes, para cuidar la autoestima de esa persona, y ser de gran ayuda para continuar entrenando “ese lanzamiento perpendicular de la bola”.

  1. Escucha atentamente, siempre. Que la pronunciación no sea correcta, aunque a veces distorsione, no implica lo interesante que puede llegar a ser el contenido. Tenlo presente.
  2. No interrumpas, recuerda a ese niño tratando de entrar en la cuerda o corriendo tras el balón, cómo se hubiese sentido si cada vez que tropezaba le hubiesen parado el juego para explicarle cómo debía poner un pie tras el otro. Puede que ya lo sepa aunque no le salga, deja que lo intente anda.
  3. Si su lenguaje es correcto y coherente no fijarnos en la forma únicamente. Si aún así, sientes el deseo de corregir, hazlo siempre tras su producción, y de forma sutil. Por ejemplo: Con cara triste un niño te dice: “Jugag con egtog niñog no me gujta pogque me molegtan y ge gien de mi, y no ge pogque” ; si entiendes algunas palabras, apóyate en ellas: “Normal que estés triste, a nadie le gusta eso, pero qué hacen los niños”. “Me molegtan”. “Claro… Si te moleStan, normal que no te guSte jugar con elloS”
  4. Es mejor repetir la producción correctamente, tras lo que la persona ha dicho, a modo de resumen; y hacerlo frente a él, a su altura, para que pueda observarte.
  5. Es mejor mostrar el movimiento, aunque no se pronuncie la letra, el ser humano está diseñado a imitar movimientos de otros desde pequeños, gracias a las neuronas espejo, esta imitación nos ayuda tanto a sobrevivir como a tomar conciencia de la propia identidad. Ante el ejemplo que del niño y las /s/, la sonrisa es un gran movimiento, para ir tomando conciencia sobre la postura antes de realizar una /s/.
  6. Habla en un tono normal, la dificultad está en la emisión del habla, rara vez es por un problema auditivo. Asegúrate observando, antes de gritar.
  7. Habla con calma, usa frases simples y asegúrate que te está entendiendo. Tanto si es un niño, como si es un adulto.

 

Y para ti, si quieres mantener tu lengua ágil… ¡Ejercítala! ¿Cómo?Aquí tienes tres movimientos, que te ayudaran a mantenerla en forma:

  • Estiramiento/elongación: Coloca tu lengua tras tus incisivos superiores, abre tanto como puedas y cierra tu boca lentamente sin que ésta se mueva de su sitio.
  • Fuerza/Resistencia: Dobla tu lengua hacia el interior de tu boca, como si hicieras un macarrón, trata de presionar suavemente contra tu paladar (¡no contra tus dientes!) como si buscaras volverla a su posición en un espacio cada vez más pequeño. Otro ejercicio sería chascar tu lengua contra el paladar, pero quizá hay lugares en que es mejor ser discreto.
  • Destreza/Rapidez: Repasa cada uno de tus dientes desde la encía hasta la corona, y trata de hacerlo cada vez más rápido. Empieza por los de arriba, continúa por los de abajo. Y poco a poco ves reduciendo el espacio. Es decir, ves cerrando la boca.

 

Y… si te atreves, prueba a crear formas raras, ejercicios, habilidades… Imaginación al poder y tu lengua a tu servicio. Disfruta y juega!!!

 

Como siempre, un placer tenerte aquí, y si has llegado hasta el final. ¡Gracias por el interés!

 

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