Vivir experiencias es importante para el aprendizaje, tomar decisiones también.

“Cuando un niño puede relacionar lo que aprende con sus propias experiencias, su interés vital se despierta, su memoria se activa, y lo aprendido se vuelve suyo” Rudolf Steiner.

 

Recuerdo momentos de escuela, de instituto, de universidad….Echo de menos cuando cualquier momento me inspiraba a escribir, o a dibujar y es porque tenía tiempo para pensarlos saborearlos y verlos de mil colores. Además los compartía con los amigos. Aix, las amistades con la distancia y la aventura de convertirse en familia, es casi un lujo intercambiar emociones fugazmente, así que no hablemos del hecho que supone filosofar y compartir, imaginar y crecer…

 

El vivir en pueblo me llena de vida en muchos sentidos, en otros esa vida se torna nostalgia, sé que el ser humano es tremendamente resiliente y capaz de dotarse o alimentar esos vacíos descubriendo nuevas y maravillosas relaciones, otras actividades y lugares. En algún momento deseo, que esa parte compartida que viví tan placenteramente, ofrecerle la oportunidad a mi hijo de vivirla, seguramente porque lo que es nuevo para mí y todavía aún no andado resulta tan inquietante como para él, aunque tampoco tengo la certeza que aún viviéndola en el mismo lugar que yo compartí él acabase haciéndolo de la misma manera placentera.

 

Es sumamente difícil diferenciarse de nuestros pequeños corazones con patas que se alejan físicamente de ti para explorar el mundo a su manera con su decisión y su ritmo. Respetar esto que comento, es lo más difícil que vengo haciendo, mucho más que cualquier intervención dada a nivel profesional. Por el simple hecho que mi corazón, mi vida entera camina, por ahora a mi lado. Cuando has respirado cada inspiración suya mientras dormía con apenas unos días, cuando te han dolido las primeras caídas tanto o más que a él, en tu piel y en tu alma; cuando sientes sus primeras carcajadas y poco a poco se torna en lo único y principal que arremete en tu mente cada vez que lo ves aparecer en una fotografía en el teléfono mientras trabajas, o cuando aparece para abrazarte dando saltos al regresar a casa, o cuando abre un ojo al despertar con ese buen humor de sentirse descansado, seguro, acogido, querido y pensado.

 

Y es que ejercer una segunda diferenciación tan importante en la vida de uno… puede llegar hasta doler. Diferenciarse como personita lo hemos hecho todos con nuestros padres, antes o después de haberlo hecho ellos de nosotros. En plena infancia, o en plena adolescencia o adultez. Cuando sientes que tu poder de decisión atañe a tu vida, la diferenciación está más que elaborada. Así que duele volver a hacerlo, ser consciente y hacerlo de forma progresiva respetando su infancia aún más. A cuántos de nosotros nos ha ilusionado dotar de viejos juguetes propios, ropitas que los abuelos guardaban porque les recordaban a nosotros, y de ahí a juegos, cuentos películas, series, música… cuántos de nosotros no piensan que su infancia fue más intensa, más vivida y disfrutada que la de sus hijos. Y probablemente así sea siempre desde la perspectiva que como adulta puedo tener, y por eso estoy a favor de compartir aquellos dignos elementos que nos hicieron felices, con los que nuestra mente y nuestra identidad crecieron. Aunque, nos guste o no los pequeños corazones andantes tienen su propio camino, su propia vida, su propia manera de percibir, sentir, aprender y expresar. El mayor regalo que podemos hacerle es el respeto a todo aquello que les haga felices; ¿cómo hacerlo? estando presentes, dando nuestra opinión si nos la piden, reflexionando en voz alta, filosofando como hacíamos cuando éramos pequeños y compartíamos con los amigos. Sin más.

 

Diferenciarse es difícil, y si no se hace progresivamente aprendiendo qué y como viven nuestros peques… pues la adolescencia y las hormonas lo hacen por nosotros. Es una búsqueda natural de identidad, de sentirse único, de sentirse persona y eso sólo llega con la capacidad de decisión.

 

Os preguntaréis qué me ha movido a compartiros todo esto. No es más que un ejercicio de reflexión en voz alta. Pronto, junto con mis compañeras de Lérida realizaremos una formación en un centro de forma privada. Para hablar de nuevo de rasgos TEA, esta vez en adultos, principalmente con discapacidad intelectual. Y es obvio que la formación por mi parte estará centrada en lenguaje, comunicación, alternativas para dotar de voz y expresión, así como ayudas para potenciar la comprensión de lo que se les comparte.

 

Pero partir de la base que implica para estos adultos y algunos adolescentes las experiencias de diferenciación vividas, en su amplio sentido de la palabra, y cómo ha sucedido, indica muchas de sus demandas y de sus formas o conductas al realizarlas, o bien, en cómo evitan sentir la presión que supone algo tan sencillo para nosotros como es el decidir cualquier actividad que atañe a su persona. Sin duda es un gran ejercicio acompañar la comunicación hacia esa finalidad, dotar de expresión supone también dotar de voz y decisión, y aunque a veces no nos gusten las formas o la expresión no sea del todo clara, hay que poder acogerla y darle un sentido, devolver ese sentido en una interacción comunicativa.

 

A nivel personal, y a nivel profesional me ayuda recordar cuán difícil puede ser tomar identidad, y que una vez conseguida supone un gran placer. Decidir si deseo un elemento u otro, una actividad u otra, un alimento de entre muchos; pensando en el aprendizaje, en tomar la decisión de cómo relleno una hoja en blanco, en cómo abordo un problema en cómo resuelvo una duda, o simplemente en revisar aquel camino que he tomado… ya no en si es correcto o no, sino observar qué he decidido hacer para aprender de ello.

 

Es difícil como adulto, una vez con el camino recorrido, duro camino, placentero o no; nos mueve la buena intención, y el poder de haber andado por caminos que creemos similares (aunque el tiempo y contextos no se puedan equiparar), tratamos de andar esos caminos ya no con ellos, sino por ellos, para allanarles, facilitarles el llegar al resultado, el éxito y así volar hacia nuevos caminos una vez creemos que están lo suficientemente formados para hacerlo solos. Y sucede que muchos de ellos han aprendido a caminar como nosotros, con nuestros zapatos, sin saber que los suyos podían dar pasos diferentes y les abruma el miedo, les abruma el sentirse solos por primera vez, temen que aquello que persiguen no signifique el éxito esperado, o la expectativa depositada, y me da igual de qué edad cronológica estemos hablando. Cuando lo que debería ser de por si un gran éxito es el simple hecho de andar y saber qué camino estás pisando, y si además disfrutas en él… pues es síntoma que te estás dedicando a vivir tu vida, y eso implica decidir, resolver, planificar y aprender.

 

Una vez más, gracias por estar aquí. Un abrazo, y feliz semana!

 

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